2. DESARROLLO
A partir del momento en que los pasiegos se hacen dueños de su propio ganado, los terrenos comunales se van privatizando por medio de la presura. Se levantan las cercas de piedra tan típicas del paisaje de la zona y, en medio, las cabañas. El afianzamiento definitivo de estas construcciones tal y como las conocemos ahora, tendrá lugar a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX, cuando se asienta el sistema pasiego, más tarde, durante siglos, se extenderá desde El Escudo hasta Los Tornos, desde las inmediaciones de Espinosa de los Monteros hasta las de Villacarriedo, Santa Mª de Cayón, Liérganes, La Cavada o Ramales de la Victoria.

En estas cabañas los animales permanecen estabulados durante todo el año, aunque en ocasiones los sueltan en los prados para que pasten. Es una nueva forma de explotación ganadera que hace que se aprovechen los prados de un modo más intenso, ya que de ellos en el verano se saca la hierba que alimentará al ganado durante el invierno. Además, la estabulación permite el aprovechamiento del abono como fertilizante para los prados, algo que hasta ese momento no se había hecho.

Las cabañas son de planta rectangular y con tejado a dos aguas, el material de construcción por excelencia es la piedra, la madera y las lastras de pizarra que se utilizan en los tejados, todos ellos materiales fáciles de encontrar en un área cercana. Los muros son de mampostería, más gruesos en la base que en la parte superior, en forma de doble pared unida por piedras pasaderas. Los postes son de madera, cuadrados y se apoyan sobre una peana. La sillería sólo es utilizada para los esquinales, puertas y vanos, y la cubierta, a dos aguas, ésta se forma por tablazón o ripia y sobre ella una capa de musgo y helechos extendida a modo de aislante bajo las lastras de pizarra.

La distribución de la cabaña es muy simple, la planta baja se dedica completamente al ganado, el suelo está cubierto por losas de piedras, y en el centro del mismo están los calces para evacuar el abono del ganado al exterior o recogerlo. A ambos lados de la cuadra se encuentran los pesebres, cerrados en su frente por una tabla donde se sujetan los peales para amarrar el ganado con ayuda de las cebillas, una especie de collar de madera en forma de “U” que se sujetan al cuello del animal por medio de un pasador.

Al piso superior se accede mediante una escalera exterior de piedra sin barandilla, que en algunas se prolonga en un balcón de tablas llamado solana. En el interior de este piso nos encontramos con el pajar, el cual se ve separado de la vivienda por un tabique de madera y del piso de abajo por tablazón. En el hogar nos encontramos con la cocina, que tiene un apartado para el fuego, enlosado para evitar incendios. No suele haber más de una habitación, separada de la cocina y el pajar por otro tabique. En ella duerme toda la familia, en camastrones de madera.
Que la vivienda de la familia se encuentre sobre la cuadra responde a un sistema de adaptación al clima, ya que durante los fríos y largos inviernos de la Vega de Pas, se valen del calor que desprenden sus animales como método de calefacción. Esta crudeza del clima explica también que los vanos de estas cabañas sean diminutos intentando que el frío en invierno penetre lo menos posible.

Ni que decir tiene, que hasta no hace muchos años, estas cabañas carecían de total comodidad, como luz eléctrica y el agua, todavía hoy algunas carecen de estos elementos que a nuestros ojos parecen tan básicos y a pesar de todo, son muchos los pasiegos que siguen aún utilizándolas como hogares.

   
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