
Museo Villas Pasiegas |
Dicen que los que ocupa estas tierras, son gente distinta,
huidiza y habituada a la soledad, que difícilmente conceden
la amistad, pero que cuando lo hacen son los mejores amigos que
uno puede desear. Se dice que son rencorosos, porque no olvidan
los agravios, y las rencillas y venganzas se dan en herencia, de
padres a hijos.
Por naturaleza los pasiegos son gente desconfiada, a una pregunta
directa que se les haga suelen responder con otra pregunta, y si
saben un secreto de un vecino no lo contarán nunca. Sobre
esta característica Antolín Esperón, en un
artículo suyo aparecido en el Semanario Pintoresco Español,
en el año 1848, señala:
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| “si al llegar un viajero
a una encrucijada de caminos, pregunta a un pasiego por dónde
se va a tal parte, primero se hace sordo, y sólo habla cuando
se le indica uno de los caminos, cuando se le dice en tono interrogativo,
¿es por aquí? Entonces responde: podráque,
podráque; pero ni dice sí ni no... Si un forastero
inquiere si tal o cual persona se halla en buena situación,
si tiene bienes, etc.; al instante replica: ¿débele
algo, débele algo? Con cuya locución se duda si pretenden
saber cuál es el acreedor o el deudor”.
Entre ellos, más que por sus nombres, se conocen por sus
motes, y llama la atención en estas tierras la ausencia
de pobres. A lo largo de su vida suelen ir procurándose
su jubilación, aunque si no lo hacen sus hijos se ocuparán
de ellos, del mismo modo que si no pueden trabajar o sufren alguna
tipo de enfermedad.
El pasiego, debido a su carácter poco dado a seguir normas,
reglas o algún tipo de orden de un superior, prefirió
desde siempre la vida tranquila que le proporciona el campo. Este
hecho que se observa en la actualidad, lo expuso también
Antolín Esperón en el mismo artículo:
“El pasiego conserva algo de la tradicional independencia
y arrogancia de los moradores de otros siglos; él no se
baja a servir de cochero o lacayo como el asturiano, ni de mozo
de cordel como el gallego, ni tampoco de criado doméstico
en mayor o menor escala, como lo hace los paisanos de otras provincias.
El pasiego procura, ya permaneciendo en sus hogares, ya alejándose
de ellos, vivir libre y dueño de sí, no reconociendo
ningún amo, [...] contribuyen poderosamente a este fin
sus instintos y su constitución física, pues en
lo general el pasiego es robusto, fuerte, temerario, además
de calculador, industrioso y listo en más de un concepto...”.
Hoy en día, las cosas han cambiado bastante, es fácil
entablar una amena conversación con los más jóvenes,
a quienes les gusta hablar del tiempo, de su dura ocupación
diaria y como no, del ganado.
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