| “Yo digo
que los pasiegos no proceden de los cántabros, sino que son
familia semítica de la rama de Ismael, conservados sin mezclar
en medio de sus montes por la poca tendencia que siempre hubo entre
ellos y los habitantes de los valles a enlazarse, y están
bien marcados el tipo jafético en los demás cántabros
y el semítico en los pasiegos”.
Propone Lasaga Larreta, una serie de características similares
entre las costumbres de los árabes y las de los pasiegos,
habla del desconocimiento de la vida sedentaria entre ambos y
de la gran sobriedad. Incluso encuentra semejanzas en prendas
de vestir, habla del albornoz árabe comparándole
con la caperuza pasiega, y el bordón del antiguo peregrino
semejante al palancu pasiego.
A las ideas de este autor decimonónico, se suman las del
historiador M. Escagedo Salmón, quien afirma en su obra
Costumbres Pastoriles Cántabro-Montañesas,
de 1921, que el primer asentamiento humano en estos montes fue
de origen semítico, pero tal afirmación no sólo
la sustenta con una similitud de costumbres entre ambas “razas”,
sino que llega más lejos y sostiene que los primeros pasiegos
fueron vasallos del Monasterio de San Salvador de Oña,
del que dependían los territorios del Pas, unos siervos
que en origen eran cautivos de los cristianos. Con ellos poblaron
estas tierras hasta que, desde la condición de esclavos
pasaron a ser colonos libres. Cabe decir que también intenta
ratificar sus ideas hallando unas similitudes de carácter
entre semitas y habitantes de Pas.
Estas presunciones sin base sobre el posible origen judío
de los pasiegos y su carácter distintivo llevó,
posteriormente, a que algunos historiadores de afición,
como Atienza, y otros de prestigiosa formación, como Julio
Caro Baroja o el propio Lasaga Larreta, incluyeran a los pasiegos
entre los "pueblos malditos del norte", junto
con los Vaqueiros de Alzada en Asturias, los Maragatos
en León y los Agotes del Valle de Batzán,
en Navarra. Esto parece un error, máxime cuando en las
fuentes clásicas que hablan sobre los pueblos malditos,
como son Lardizábal y Uribe en 1786, Michel en 1847 y de
Rochas en 1876, no se mencionan para nada a los pasiegos. Algunos
autores llegaron incluso a realizar críticas extremadamente
duras expresando su incontenida xenofobia, como es el caso de
Antolín Esperón, quien afirma que “los
pasiegos forman una nación a parte como los judíos”;
que optan por vivir en la miseria antes que servir a otra persona
y que el que no es contrabandista te engaña comerciando
con cualquier cosa.
Actualmente estas teorías, junto con las que hablan del
origen suevo o visigodo, están totalmente descartadas ya
que no existe ningún estudio científico que lo apoye
de manera sólida.
Según Mª del Carmen González Echegaray, los
reyes “desde tiempo inmemorial”, escogían sus
monteros reales (guardia personal de cámara), de entre
las gentes del territorio de las tres Villas y Espinosa de los
Monteros (de ahí el topónimo), por la “limpieza
de sangre” que les caracterizaba, condición
que se cuidó en extremo. De hecho, cita una carta de la
Reina Juana, La Loca, con fecha en 1.511, en la que, alarmada
por el paso de judíos conversos por la villa de Espinosa
y Montes de Pas, les concedía seis meses para salir de
ellas y les prohibía el paso por estas villas, para evitar
el cruce de sangre de estos con unos lugareños racialmente
“Puros”. El tránsito de judíos
por estas tierras, parece que se debía a la venta de mercancías,
disculpa que les valió para saltarse la disposición
real e instalarse en ellas durante varios días, por lo
que diez años después, Carlos I volvió a
prohibir la permanencia de judíos y cristianos nuevos "…en
la villa de Espinosa más de un día natural, aunque
sea so color de vender mercancías".
Estas afirmaciones se ven, por una parte, respaldadas por diversa
documentación llegada hasta nuestros días. Los Monteros
Reales eran los vasallos encargados de la guardia personal de
la familia del monarca, por lo que es normal que se cuidase su
lealtad. Desde que Alfonso VIII hizo indagaciones del origen de
sus monteros en el siglo XIII, aparecen numerosas cédulas
reales que atestiguan la elección de estas gentes naturales
de “Espinosa o sus tres feligresías” (villas
pasiegas), para el desempeño de dicha custodia.
“…que sean hidalgos de solar conocido de padre
y abuelo, y que así desde que los dichos oficios se fundaron
hasta agora, han estado siempre y están en personas honradas
hijosdalgo y que han vivido y tratándose honradamente como
tales, sin haber tenido ni servido oficios viles, ni baxos, ni
tener raza de moros, judíos ni confesos, ni penitenciados
por el Santo Oficio por cosas tocantes a la Fe, ni hallan (sic)
sido traidores a la Corona Real”.
Por otra parte, cabe la posibilidad de que entre estas cédulas
y las de Juana La Loca y Carlos I, los movimientos migratorios
de distintas razas pudieran haber contaminado estos lugares, como
bien atestiguan los temores que llevan a generar las prohibiciones
reales que hemos visto.
González Echegaray, apoyándose en su hidalguía,
les atribuye unos antepasados netamente cántabros, aseveración,
por otra parte, un tanto arriesgada, ya que estos no eran los
únicos que respondían a esa clase de nobleza, pero
la afirmación rebatía las opiniones románticas
de quienes les hacían descender de los judíos, moros
o de otras culturas exóticas. Ratificando lo anterior,
los datos toponímicos (hidrónimos celtas como Miera
o Trueba), y antroponímicos (nombres indoeuropeos y celtas
como Abascal, Lavín o Cobo), parece que nada tienen que
ver con las razas semitas.
La medicina también ha querido contribuir a esta investigación
en el origen de los pobladores de estas montañas, analizando
la relación de los grupos sanguíneos de estos, con
los más característicos de las razas orientales
y semitas en España, los B y AB. El resultado: estos grupos
no son habituales entre los pasiegos.
A nuestro modo de ver, es muy difícil definir con exactitud
el origen, y más incluso, cuando hablamos de una época
en la que la población peninsular era una amalgama de razas,
fruto de la connivencia de las distintas culturas que se habían
fraguado en las dos Castillas. Los pobladores que de Oña
vinieron a los Montes de Pas bien pudieran ser gentes libres compuestos
por judíos, moros y cristianos, y hasta no tener pruebas
fidedignas que revelen el verdadero origen de los pasiegos, cualquier
hipótesis podría resultar tan válida como
la opuesta, por lo que a todas las calificaremos respetuosamente
de gratuitas.
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