4. OTRAS OCUPACIONES
Quesucos
Quesucos de la Vega de Pas
La actividad principal de los pasiegos es la ganadera, pero lo cierto es que antaño también destacaron en otros desempeños, como por ejemplo en el comercio, para el que siempre demostraron tener grandes dotes, haciéndose conocidos, a mediados del siglo XIX, en todo el país.

Fueron muchos los pasiegos, que se dedicaron al COMERCIO vendiendo los productos que ellos mismos elaboraban, como eran los quesucos y las mantecas que con el tiempo alcanzarían gran demanda. Con sus cuévanos a la espalda o con la ayuda de un burro, y no sólo por los diferentes mercados de la región sino que recorrían grandes distancias para llegar incluso a las regiones limítrofes. Muchos de estos vendedores ambulantes acabaron abriendo tiendas en lugares de expansión económica, demostrando así sus grandes dotes para el comercio, tiendas que fueron pasando de padres a hijos generación tras generación y de las que aún se conservan sus nombres pasiegos.

En ocasiones la actividad ganadera no era suficiente para mantener a la familia. Hubo varias crisis que arrastraron al pasiego a realizar actividades, como el CONTRABANDO. Fue durante el reinado de Felipe IV y debido a los aranceles de algunas mercancías, casi 50% más bajos en las provincias Vascongadas que en el resto de puertos del norte, lo que provocó que fueran muchos los pasiegos que se iniciaran en el contrabando, animándolos a llenar sus cuévanos de distintas mercancías, sobre todo tabaco. En ocasiones se dirigían a Bayona en busca de telas, después regresaban con sus cuévanos cargados, en una marcha que podía durar varios días, sin apenas dormir y en la que ponían en peligro sus vidas, huyendo de las autoridades por peligrosos caminos sin más armas que sus inseparables palancus.

Los productos que traían solían distribuirlos por los diferentes mercados de Santander y la provincia. Sobre la habilidad de los pasiegos y su picaresca existen diferentes leyendas como la que recoge G. Morales en su libro La Montaña, en la que narra esta historia:

Por confidentes averiguaron los Carabineros que una pasiega, con el cuévano a la espalda, cargado de contrabando, venía no sé de dónde ni por dónde; la dieron el alto, y la sorprendieron, la registraron, y en efecto, el cuévano venía atiborrado de tabaco.
A Santander se encaminaron con la pasiega y el cuerpo del delito. Gimiendo y llorando iba ella alegre como unas castañuelas ellos, camino real adelante. Ya se hallaban en el trayecto que media entre Heras y San Salvador, cuando de una vereda que descendía de Cabarga, salió otra pasiega, también con el cuévano a la espalda.
- ¡Jesús! ¡Cristiano! ¡Alabado sea Dios! Juanuca; pero ¿dónde te llevan esos?
- Cosas de la vida, Mariuca; uno que me encontró en Alisas y me dio el encargo de llevar este cuévano a Santander, y yo que era ignorante de todo, por ganarme una peseta, admití el encargo, y no sé por qué me castigan ahora.
- Ande para adelante, y pocas palabras.
- Como yo voy también a Santander, no creo que pecado haya en que vayamos juntas.
- Vayan juntas, pero andando y callando.
Y así siguieron el camino.
Poco antes de llegar a Muriedas, pidieron descanso las pasiegas, descanso que también convenía a los Carabineros. Sentáronse ellas sobre un bardal. Ellos tiraron de petaca y librillo para liar unos cigarros monumentales, como de quien no gasta dinero en el tabaco.
Al llegar a Muriedas, las pasiegas, dulcemente, se despidieron.
- Que te vaiga bien, que no te apures, que Dios está para proteger a los pobres, etcétera...
Y camino de Torrelavega se fue una, según dijo, siguiendo los demás para Santander.
Llegaron a la ciudad, presentaron los Carabineros la pasiega a sus jefes y dieron parte de aprehensión, y la pasiega, hasta entonces más silenciosa que una carpa, empezó a vociferar:
- Mintiras y más que mintiras que quieren decir estos, por tenerme tirria y mal querer, porque pidieron dineros venturao de mi hombre, y no tenerlos para poderlos emprestar, porque compramos un patuco y...
- Pero, mi teniente, si trae el cuévano atestado de tabaco de contrabando.
- Mintira, mintira, que solo traigo quesucos y manteca y un pedazo de borona, y cuatro nueces y dos manzanas, y otro pedazo de bonito envuelto en papel de periódico.
Y tiraron del saco que todo lo tapaba y, en efecto, tenía dentro del cuévano los quesucos, la manteca, las nueces, las manzanas y el pedazo de bonito; ítem, más, los calzones de un hombre, bastante deteriorados, y que llevaba para buscar en Santander unos pedazos de paño para remendarlos.
El tabaco ya comprenderán los lectores que, dando un rodeo entró en Santander a lomos de la otra pasiega, sin la menor dificultad
”.

Otras actividades que desempeñaron con gran éxito son la de AGUALOJEROS u Oficiales de Loja y la de BARQUILLEROS. Los primeros se dedicaron a traficar con una bebida refrescante compuesta de agua, miel o azúcar y alguna sustancia para aromatizarla. Mientras que en invierno comerciaban con licores baratos. Los barquilleros eran vendedores ambulantes que solían ir por todas las festividades más concurridas, tanto dentro de la propia provincia como de Castilla, para hacer mejor venta. Llevaban a cuestas estos comerciantes las barquilleras, que no era más que una caja cilíndrica y metálica cuya tapa tiene un círculo con distintos números, cercado por clavillos verticales. Una rueda giratoria con una trabilla que tropieza en clavillos y marca un número cuando termina el impulso que le ha dado el barquillero o el comprador. La suma total de los números que haya señalado el cliente, 3 tiradas, marca los barquillos que le pertenecen, siempre que no se juegue al número mayor o menor entre ambos, no solía caer en los números mayores. Este tipo de comercio era realizado habitualmente por jóvenes aunque también se daba el caso de hombres, mujeres e incluso matrimonios que intentaban hacer fortuna para poder establecerse.


   
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