
Cuevano Coverteru |
Uno de los utensilios más
característicos de los pasiegos es el cuévano,
un cesto de forma cilíndrica, más ancho por la boca
que por el fondo, que en la zona también lo llaman cuíno
o canastru. Se construye a base de tiras, llamadas
varizas o vañizas de avellano, castaño
o sauce, cortadas siempre en luna menguante para así evitar
la polilla y desbastadas por medio de un instrumento llamado rasoria.
Dos tiras trenzadas en forma de abrazaderas, denominadas aquí
brazaleras o braciles, permiten llevarlo a la espalda apoyando todo
el peso sobre los hombros y, al mismo tiempo, dejar las manos libres
para cualquier otra labor.
|
El paisaje abrupto por el que
tienen que desenvolverse, repleto de abultadas pendientes, regatillos,
escollos y demás dificultades, impide el uso de cualquier
ingenio mecánico que facilite el transporte, por ello,
un recipiente que posibilite además la libre disposición
de las manos y que permita una buena carga sobre los hombros,
ha resultado una buena opción, sobre todo a la hora de
realizar la muda.
Su uso era tan habitual que pasó a formar parte de la vestimenta
típica de la pasiega, representándose con una cuévana,
a modo de cuna para bebés. Observamos que, según
la utilidad que recibe el cuévano, los pasiegos le adaptan
formalmente y le conceden curiosos sobrenombres: el romeralo,
el de trajinar, el cobertera, y como no, la cuévana.
El Romeralo es el más grande, de hasta
un metro de altura, de forma cónica y asiento achatado.
Se suele construir con varizas sin descortezar y abiertas de forma
que de cada vara se obtengan dos vañizas, orientando normalmente,
la zona de corteza hacia el exterior. Los braciles son de avellano
trenzado, con hombreras de cuero para amortiguar el gran peso
de hasta 100 kilos que permite acumular en su interior. Es el
tipo destinado al transporte del verde desde el prado hasta la
cabaña, y su nombre alude al lugar dónde ha sido
más usado: San Pedro del Romeral.
El Carguero, también conocido como el
Cuévano de Traficar, de sección
cuadrangular y más alto que ancho. Era en el que las pasiegas
llevaban los quesos y la manteca al mercado. Para su fabricación
se usa el corazón de las varas de avellano, y solía
llevar acoplado una tapadera llamada cesteña, sobre la
que se colocaban los quesucos, y con la que se ocultaba el interior
del cesto. Por ésta cubierta y otra a base de toldillo,
era más conocido como cuévano Coverteru.
Muy parecido aunque algo más pequeño y sin cesteña,
es el cuévano de Trascolar, o de Trajinar,
pero de forma prácticamente cónica.
El más peculiar y conocido es la Cuévana
o Cuévano Niñero, construido expresamente
para acarrear niños. Muy similar al de trascolar, pero
de fabricación más cuidada y delicada. Se acondicionaba
con un pequeño colchón de hoja de maíz, una
almohada, y finas sábanas o colcha de lana en vivos colores
y acabadas en flecos. A un lado de la boca se acopla un arco para
sujetar un toldillo en forma de visera que protege al niño
del sol y el frío. En su base, a veces le ponían
dos piezas curvas para que, posado en el suelo se usase de mecedora.
“Si te afincas en la Vega
y en ella piensas vivir
el cuévano a la espalda
lo dejarás al morir”.
(Canción Popular).
|