2. EL TRAJE DEL PASIEGO: el Palancu

Traje Típico Pasiego

El pasiego vestía camisa de paño con cuello largo y botones de plata, calzón de bragueta y, chaqueta y bragas de pana lisa y oscura. Llevaba chalecos con el interior blanco y botonadura también de plata. Ceñidor dando vueltas a la cintura a modo de faja. Solían portar un pañuelo anudado a la cabeza por la parte trasera o imitando un turbante. También lucían monteras cónicas con vueltas de terciopelo, gruesas borlas de seda, plumas y flores. En ciertas ocasiones, sobre todo en actos religiosos, solían utilizar una capa con capucha de negro rojizo.

Como complemento de la vestimenta típica masculina destaca el Palu o Palancu, en ocasiones también denominado Vela. Se trata de un bastón de avellano bien recto y de unos seis centímetros de grosor. Su longitud excede en una cuarta y media la altura de su porteador, por lo que suele superar fácilmente los dos metros. Su preparación resulta bastante laboriosa. Primero se pelaba su corteza con ayuda del fuego, y se dejaba curar para que fuese adquiriendo cierta resistencia sin perder flexibilidad. Más tarde se le realizarían tratamientos a base de calor, agua, grasa y arena. Para un mejor agarre al suelo y un menor desgaste por rozamiento, su extremo inferior solía ir acabado en un gorro de hierro con un clavo, lo que también le daba carácter de temida arma.

Principalmente el palancu se utilizaba como apoyo para librar a modo de pértiga, los numerosos obstáculos que se encontraban en su particular hábitat, como regatos, matojos, taludes, muros de las fincas… También servía para cortejar a las mozas del valle, representando por medio del palu y de su manejo, la hombría del que lo portaba. Existía toda una simbología en torno a esta empresa. Era un deshonor perderlo, sobretodo en las continuas reyertas que se generaban entre los vecinos, como no, el Palancu era utilizado como arma, y con una habilidad realmente espectacular, incluso con las dos manos. Las proezas generaban prestigio, pero en ocasiones se puso tanto entusiasmo, que la autoridad tuvo que prohibir su uso para frenar las sangrías que se producían.
El prestigio en torno al palancu, no era exclusivamente de carácter belicoso, sino también se reflejaba en él la autoridad. Se vestía en reuniones tanto de carácter religioso como popular, por ejemplo para rendir pleitesía a la llegada de Autoridades a las villas. Este rito es paralelo a los que se llevan a cabo con espadas, lanzas o remos, en otras zonas de nuestra geografía. Se podían ver en las procesiones de las tres villas pasiegas y en las respectivas fiestas patronales del entorno, encabezadas por la de de Nuestra Señora de Valvanuz en Selaya. En la actualidad los pasiegos no lo utilizan, ha pasado a ser un complemento de la vestimenta típica, e instrumento para practicar el deporte más autóctono de la zona junto con los bolos: el salto pasiego, del que hablamos en otro apartado de este estudio.

Quizá el uso más conocido hoy en día, sea el lúdico. La destreza en su utilización generó la celebración de variadas competiciones en las que se trataba de poner a prueba la agilidad y habilidad. Entre estas modalidades se encuentran: salto de distancia a pies juntos; salto de altura en carrera; salto sin mover el palo del suelo y arrastrándose sobre él; salto cambiando el palo de sitio cuando el saltador está en el aire, una sola vez; salto cambiando el palo de sitio las veces que pueda; hacer un recorrido por el palo dando pequeños saltos; y dar un salto a modo de pértiga, ésta será la más extendida.
Otro tipo de juego en el que se usaba el palanco era el llamado “Juego de Rayar”. Existen tres modalidades en su realización: con un palo, con dos y sin él. El jugador a pies juntos, y apoyado con una mano en el palo, se inclina hacia delante, traza una raya en el suelo con el dedo índice, y se vuelve a levantar. En el caso del rallado con los dos palos, la raya se practica con una ramita que sujetan con la boca, y en el juego sin palo se raya una pared frente a la que se colocan también a pies juntos.

 

   
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