
Traje Típico Pasiego |
El pasiego vestía camisa de paño con cuello largo
y botones de plata, calzón de bragueta y, chaqueta y bragas
de pana lisa y oscura. Llevaba chalecos con el interior blanco y
botonadura también de plata. Ceñidor dando vueltas
a la cintura a modo de faja. Solían portar un pañuelo
anudado a la cabeza por la parte trasera o imitando un turbante.
También lucían monteras cónicas con vueltas
de terciopelo, gruesas borlas de seda, plumas y flores. En ciertas
ocasiones, sobre todo en actos religiosos, solían utilizar
una capa con capucha de negro rojizo.
Como complemento de la vestimenta típica masculina destaca
el Palu o Palancu, en ocasiones también denominado Vela.
Se trata de un bastón de avellano bien recto y de unos seis
centímetros de grosor. Su longitud excede en una cuarta y
media la altura de su porteador, por lo que suele superar fácilmente
los dos metros. Su preparación resulta bastante laboriosa.
Primero se pelaba su corteza con ayuda del fuego, y se dejaba curar
para que fuese adquiriendo cierta resistencia sin perder flexibilidad.
Más tarde se le realizarían tratamientos a base de
calor, agua, grasa y arena. Para un mejor agarre al suelo y un menor
desgaste por rozamiento, su extremo inferior solía ir acabado
en un gorro de hierro con un clavo, lo que también le daba
carácter de temida arma.
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Principalmente el palancu se
utilizaba como apoyo para librar a modo de pértiga, los
numerosos obstáculos que se encontraban en su particular
hábitat, como regatos, matojos, taludes, muros de las fincas…
También servía para cortejar a las mozas del valle,
representando por medio del palu y de su manejo, la hombría
del que lo portaba. Existía toda una simbología
en torno a esta empresa. Era un deshonor perderlo, sobretodo en
las continuas reyertas que se generaban entre los vecinos, como
no, el Palancu era utilizado como arma, y con una habilidad realmente
espectacular, incluso con las dos manos. Las proezas generaban
prestigio, pero en ocasiones se puso tanto entusiasmo, que la
autoridad tuvo que prohibir su uso para frenar las sangrías
que se producían.
El prestigio en torno al palancu, no era exclusivamente de carácter
belicoso, sino también se reflejaba en él la autoridad.
Se vestía en reuniones tanto de carácter religioso
como popular, por ejemplo para rendir pleitesía a la llegada
de Autoridades a las villas. Este rito es paralelo a los que se
llevan a cabo con espadas, lanzas o remos, en otras zonas de nuestra
geografía. Se podían ver en las procesiones de las
tres villas pasiegas y en las respectivas fiestas patronales del
entorno, encabezadas por la de de Nuestra Señora de Valvanuz
en Selaya. En la actualidad los pasiegos no lo utilizan, ha pasado
a ser un complemento de la vestimenta típica, e instrumento
para practicar el deporte más autóctono de la zona
junto con los bolos: el salto pasiego, del que hablamos en otro
apartado de este estudio.
Quizá el uso más conocido hoy en día, sea
el lúdico. La destreza en su utilización generó
la celebración de variadas competiciones en las que se
trataba de poner a prueba la agilidad y habilidad. Entre estas
modalidades se encuentran: salto de distancia a pies juntos; salto
de altura en carrera; salto sin mover el palo del suelo y arrastrándose
sobre él; salto cambiando el palo de sitio cuando el saltador
está en el aire, una sola vez; salto cambiando el palo
de sitio las veces que pueda; hacer un recorrido por el palo dando
pequeños saltos; y dar un salto a modo de pértiga,
ésta será la más extendida.
Otro tipo de juego en el que se usaba el palanco era el llamado
“Juego de Rayar”. Existen tres modalidades en su realización:
con un palo, con dos y sin él. El jugador a pies juntos,
y apoyado con una mano en el palo, se inclina hacia delante, traza
una raya en el suelo con el dedo índice, y se vuelve a
levantar. En el caso del rallado con los dos palos, la raya se
practica con una ramita que sujetan con la boca, y en el juego
sin palo se raya una pared frente a la que se colocan también
a pies juntos.
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