| Las razones de
la paralización de las obras en 1959 eran varias, por una
parte estaba el Plan de Estabilización Nacional impuesto
por el Franquismo, un antecedente suyo había llevado a
la nacionalización del Santander-Mediterráneo en
1941 propiciando la continuación de las obras. El Plan
pretendía industrializar la España de la Posguerra
mediante la intervención económica del Estado, pero
tras generar una escandalosa corrupción económica,
había derivado en una serie de actuaciones orientadas a
reducir la inflación y a modernizar la economía
liberando el comercio exterior; recortes en la inversión
pública, devaluación de la peseta; congelación
de salarios; reforma tributaria; la famosa Ley de Convenios Colectivos…
Varias de ellas afectaban a la inversión del Estado, por
lo que se acordó congelarla. A parte de todo este “efecto
dominó” gran parte de la culpa es de la presión
ejercida por Bilbao ante un proyecto que le perjudica y de la
falta de apoyo por parte de la Diputación de Zaragoza,
pasiva ante las disputas. El caso de Bilbao es claro, ya se había
opuesto al proyecto del Ferrocarril del Meridiano por miedo a
que parte de su importancia como puerto se desplazase hacia Santander
en detrimento de sus intereses
Como hemos podido ir viendo, la realización de la línea
está repleta de incoherencias y continuos cambios de criterio.
A pesar de que la idea original era el enlace Santander-Valencia,
nunca se consiguió acordar un servicio combinado con la
Compañía Central de Aragón para posibilitar
siquiera un Burgos-Valencia. Tan sólo se consigue una vez,
en 1930, con el denominado Tren Fallero.
Otra gran paradoja es que tan sólo en raras ocasiones un
mismo tren hacia seguidos los 366 Km. de recorrido del primer
tramo, pues el recorrido Burgos-Cidad Dosante, al encontrarse
sin continuación a Santander era de un uso menos frecuente,
e incluso llegó a perder su enlace sincronizado con el
resto del camino a Calatayud.
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