| El 1 de Enero
de 1985 una orden ministerial provocó la clausura de más
de 1.000 Km. de vía en España, bajo las alegaciones
de mala gestión y de abandono en su mantenimiento. El Santander-Mediterráneo
se cerraba casi por completo al tráfico sin ningún
tipo de plan de conservación. A pesar del imperdonable
abandono por parte de las autoridades pertinentes, la infraestructura
no deja de ser reutilizable a base de ciertas reformas. Incluso
el tramo inconcluso Valdeporres-Boo se encuentra perfectamente
allanado en casi toda su trayectoria, con trincheras, puentes,
túneles y distintas obras, algunas de gran envergadura,
como sus nueve estaciones. De los 63 Km. de este tramo, 35 estaban
ya con infraestructura, es decir que de los 429’555 Km.
de trayecto realmente sólo faltaban 28 Km. por construir.
Los tramos de la zona norte de la línea han estado siendo
desmantelados desde julio de 2.003, pero no es ningún obstáculo,
pues en caso de reutilización también habría
que proceder a ciertos cambios y modernizaciones.
A lo que pretendemos llegar es que el presupuesto de esas reformas
a las que nos hemos referido anteriormente para la terminación
y apertura de la línea, no significaría un reembolso
desorbitado y facilitaría un nuevo acceso a nuestra “aislada”
Comunidad y un punto de fuga para las comunidades implicadas en
el proyecto. Es por ello por lo que estas provincias virtualmente
enlazadas con el Santander-Mediterráneo, en ocasiones presentan
estudios e informes demostrando la posibilidad tanto técnica
como económica de la reactivación y conclusión
del proyecto. Pero también es cierto que, por diversos
motivos, como el uso masivo de los coches, el ferrocarril no es
un medio de transporte de grandes beneficios por lo que ante un
posible resultando poco rentable, se han propuesto nuevos proyectos
capaces de recoger parte del esfuerzo anterior.
En Julio de 2001, se celebró una reunión que pretendía
que el Ministerio de Fomento realizara un estudio sobre la viabilidad
de poner en servicio el túnel de La Engaña como
carretera. Es una postura defendida desde Cantabria y muy especialmente
por Miguel Ángel Revilla, líder del Partido Regionalista
Cántabro (PRC), y Presidente de la Comunidad Autónoma
desde el año 2003. El proyecto se cifró entre 40
y 45 millones de Euros. Por otra parte están aquellos que
opinan que lo mejor sería darle el uso para lo que fue
creado, es decir, como ferrocarril de unión con el Mediterráneo.
Estos últimos alegan sobre todo razones de seguridad, pues
en los últimos años ha habido graves accidentes
de tráfico en distintos túneles de Europa además
de la menor inversión que supondría el acondicionamiento
para el ferrocarril, pero en cualquier caso reivindican una utilización
y si no es sobre raíles que lo sea sobre asfalto.
Cabe mencionar otra de las polémicas que ha suscitado
esta antigua línea en base a la posible utilización
de la misma, para surtir al puerto de Bilbao a través de
una conexión con el Santander-Mediterráneo a la
altura de Trespaderne, una controvertida desviación que
tubo que hacerse en la antigua construcción del trazado
a petición expresa del Estado mediante Decreto Ley, aún
suponiendo un desvío en el itinerario más lógico
y una cota mucho más baja de cuantas la rodean, provocando
importantes desniveles en el curso de la línea. Pues bien
Bilbao, a cuya ciudad iba destinada tal irregularidad en Traspederne,
ha solicitado en varias ocasiones el estudio de tal empalme desde
los años ’30, una posible opción que sin lugar
a duda molestaría al Gobierno de Cantabria, quien se merece
más que nadie el aprovechamiento de una obra por cuya terminación
lleva luchando desde hace más de un siglo.
Por otro lado, el Ministerio de Medio Ambiente está valorando
la Declaración de Impacto Ambiental del Estudio Informativo
del tramo de Alta Velocidad Calatayud-Soria, el cual coincide
con el del Santander-Mediterráneo. Este es el paso previo
a la realización de los proyectos constructivos por parte
del Gestor de Infraestructuras Ferroviarias (GIF), al que se le
encomendó la construcción en diciembre de 2002.
La longitud del tramo es de 95 kilómetros y el presupuesto
estimado para la ejecución de las obras asciende a 134,28
millones de euros, mucho más de lo que costaría
remodelar la línea completa de su antecesor. Formará
parte del Corredor Noroeste y se apoyará en la línea
Madrid-Zaragoza-Barcelona-Frontera Francesa, en Calatayud se realizará
la conexión de la Línea de Alta Velocidad (LAV)
entre Madrid y Soria, de manera que el tiempo de recorrido se
verá reducido a 1 hora y 50 minutos. Se han estudiado cinco
alternativas de trazado para aprovechar lo mejor posible la antigua
línea Santander-Mediterráneo, optando por la denominada
Segunda Alternativa: se inicia en la estación de Calatayud
y tras pasar sobre las vías de ancho normal español
sigue el trazado de la antigua línea hasta cerca de Clarés
de Ribota para luego incluir ciertas mejoras en 12 kilómetros
y aprovechar el trazado por la Sierra de Bigornia, para mejorarlo
de nuevo entre Tordesalas y Soria.
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