
Soldado Romano |
Nuevas intervenciones
de campo han demostrado que la ausencia de ocupaciones humanas
antiguas en la zona norte de la Cordillera Cantábrica,
no era debida a la inhospitalidad del terreno, sino a una falta
de estudio de este área, donde han aparecido recientemente
castros como el de la Espina del Gallego y el Campamento de Cildá,
ambos en la divisoria de los valles de Toranzo e Iguña,
o como el castro de La Garma, en Omoño, Castril Negro,
en Peñacabarga, etc.
Los cántabros junto con los astures, fueron los últimos
pueblos peninsulares en ser sometidos por Roma, será en
las Guerras Cántabras entre los años 29 y 19 a.
C., de las que tenemos evidencias arqueológicas bien cerca
de la zona que nos ocupa, en los restos del castro de la Espina
del Gallego, importante zona de acceso al a provincia, con los
campamentos de Cildá, el Cantón o La Collada, en
Tarriba (San Felices de Buelna). |
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Tras la Pax Romana, en el 19 a. C., los romanos intentaron colonizar
la zona estableciendo importantes núcleos como Julióbriga,
en Retortillo (Reinosa), o Flavióbriga, en Castro Urdiales.
Hicieron que los cántabros abandonasen sus castros y se
estableciesen en los valles, y explotaron sus minas transportando
el mineral por los numerosas calzadas y puertos marítimos
que fundaron para ello. A pesar de todos los intentos, la zona
norte sería la menos romanizada de la Península,
encontrándonos con restos de cultura indígena hasta
bien entrado el Imperio. Lo único que cabe destacar de
tal influencia, es la pérdida de su lengua sustituida paulatinamente
por el latín. Por ello, con la caída del Imperio
en el siglo V, y la anarquía favorecida por la entrada
de los pueblos germanos, los cantabros recuperarían su
independencia y antiguas tradiciones. Ni siquiera el cristianismo
arraigaría, hasta que en el siglo VIII, la presión
de la cultura musulmana y la acogida de gentes del sur más
cristianizadas, lo hicieron viable.
Existe una leyenda, heredera de la tradición oral, en
la que se cuenta cómo en la divisoria de los Montes de
Pas con Valdeporres, Caesar Augusto sobrevivió milagrosamente
a la caída de un rayo que acabó con la vida de su
auriga. Algunos autores como el catedrático Arnaldo Leal,
afirma que tal “…tradición de San Pedro del
Romeral debe fundarse en algún hecho verdadero, pues en
una casa antigua del citado municipio se ha encontrado una moneda
a efigie de Cesaraugusto”. La tradición puede ser
cierta o no, pero no es recomendable basar su certeza en el hallazgo
de una moneda imperial, puede encontrarse fuera de su original
contexto o ser simple casualidad, un factor muy apremiante en
el estudio histórico.
Otra historia legendaria de este tipo es la que cuenta el vicario
de La Vega, Sr. Fernández Alonso, al Geógrafo don
Tomás López a finales del siglo XVIII, parece ser
que a partir de la Chronica de los Príncipes de Asturias
y Cantabria, escrita en 1681 por el Padre Sota. En ella se alude
a una batalla de las Guerras Cántabras, con 320 hombres
en cada bando, y en la cual los cántabros obtendrían
una importante victoria frente a los invasores, pactando una paz,
en latín Pax, que algunos estudiosos han intentado relacionarlo
con el actual término de los Montes de Pas.
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