
Ocupación Vega de Pas |
En la Alta Edad Media
se originaría, de la mano de Alfonso I de Asturias (739-757),
Duque de Cantabria, el proceso de reconquista de los territorios
ocupados por los musulmanes, proceso que inició su suegro
Don Pelayo, un noble visigodo que había vivido en Córdoba,
en la Batalla de Covadonga del 722. La zona norte acogería
a refugiados cristianos, formándose en torno a los monasterios
e iglesias, las diferentes comarcas cántabras. No obstante,
hubo zonas que permanecieron despobladas, debido a su morfología
hostil y a una climatología que desfavorecía la práctica
de una agricultura tradicional, se trata de los valles del Nansa
y Saja, y de la zona alta de los valles del Pas-Pisueña,
Miera y Asón, en donde unos siglos más tarde se establecería
la famosa población de tipo pasiego. |
|
Se conoce muy poco sobre los pasiegos antes del año 1011,
momento en el que nos encontramos con el Conde de Castilla Sancho
García y su mujer doña Urraca, donando al monasterio
benedictino de San Salvador de Oña, con motivo de su fundación,
amplios territorios de la actual Cantabria, que se extendían
desde Sámano a Santoña, llegando a Cabarga y desde
allí hasta los despoblados de los “montes de Pas”
y sus cabeceras, para que los hombres libres de Oña pudieran
hacer transitar libremente a su ganado por estos territorios,
y disponer libremente de los pastos, del agua y de las majadas.
El convento fue fundado por el citado Conde y estaba ocupado por
monjas cuya abadesa era doña Tigridia, hija del propio
Conde don Sancho, y por una capellanía de monjes, hasta
que Sancho III el Mayor de Navarra suprime la Comunidad de monjas
en el año 1033 e introduce monjes de la regla cluniacense.
La carta de donación dice:
No se menciona en el documento, la existencia de habitantes en
las Montañas de Pas, tan sólo recoge una donación
que el Monasterio aprovechará durante siglos, ejerciendo
también la jurisdicción eclesiástica de esas
tierras junto con el cabildo de Espinosa y el prelado de Burgos,
hasta la creación de la Diócesis de Santander en
1745. A Burgos le es concedida tal licencia con el privilegio,
atribuido a Sancho II, concedido al obispado de Burgos en el año
1068.
A partir de la concesión de estos privilegios será
cuando se comiencen a colonizar los valles de estos montes tal
y como nos confirman los estudios arqueológicos de la zona,
dejando desiertos aún el alto Miera y el alto Pas, así
como las montañas de Toranzo, Carriedo, Trasmiera, Soba
y Ruesga. Estas últimas se verán repobladas entre
los siglos XII y comienzo del XIV mediante una intensa actividad
de tala y roza. En lo que respecta a la ocupación de Vega
de Pas, lugar al que se refiere nuestro estudio, el Libro de las
Merindades de Castilla, usualmente denominado El Becerro de las
Behetrías, manuscrito redactado a instancias de Pedro I
el Cruel en 1352, afirma “La Vega: estos son logares yermos
de Castilla vieja”, por lo que entendemos que el topónimo
existía, pero se refería a lugar de pasto sin asentamientos
estables. Es obvio que los montes de Pas estuvieron ocupados por
pastores trashumantes desde tiempos antiguos, pero el establecimiento
de una colonización estable será mucho más
tardía. En un privilegio de 1396, llamado de Herbaje, Enrique
III el Doliente traspasa los derechos de pasto del entorno pasiego,
a la villa de Espinosa de los Monteros. En este documento se puede
observar claramente esta inestabilidad ocupacional, cuando afirma
que sus habitantes pueden hacer uso de los pastos y ríos
y “…duerman en los tiempos que lo hubieren menester”,
llegando a calificar los Montes de Pas como “montañas
brabas (sic) e desiertas”.
En definitiva, las Tres Villas Pasiegas no sufrieron un proceso
de señorialización como el de las comarcas vecinas,
y conservarían su condición de realengas, a pesar
de verse que a veces se hacen donaciones de pasto en sus tierras,
e incluso que haya propiedades en manos de algún linaje.
Esta ausencia del proceso de lucha señorial, provocará
que en Vega de Pas no se erijan torres defensivas ni posteriormente
se construyan casonas de ningún linaje, edificaciones ambas
muy comunes en el resto del territorio cántabro, por lo
que atendemos a otra de las particularidades del territorio.
|