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Con toda certeza, la fecha más trascendental, tanto en
la historia de Vega de Pas como en la de San Pedro y San Roque,
es el año de 1689, en el cual la zona pasiega del norte
de la Cordillera Cantábrica, conseguirá desvincularse
de Espinosa de los Monteros y obtener el Privilegio De Villazgo.
Los tres núcleos habían solicitado la exención
jurisdiccional del Valle de Carriedo, la cual se les había
concedido en el año 1641, pero tras un par de años,
en 1643 la sentencia se ve revocada en Cortes pasando la jurisdicción
de nuevo a Carriedo. La jurisdicción era una concesión
muy importante ya que se trataba del control judicial de la zona,
algo que suponía el paso del título de aldea a villa
y la constitución de ayuntamientos propios. En 1646 la
jurisdicción se dividió entre el Valle de Carriedo
y Espinosa de los Monteros, pero esta última no pudo llevar
a cabo el pago exigido, 5.500 ducados cada una. En 1687, un auto
de revista declara que hay lugar al tanteo, para que las villas
asumiesen su propia jurisdicción tuvieron que pagar los
11.000 reales a Carriedo, más 4.000 al Rey por gastos de
trámites. Los pasiegos, tras numerosos enfrentamientos
con el valle carredano, obtendrán la exención bajo
firma del Rey Carlos II, y la calificación de “Villa
dende en adelante” en lo que se refiere a Vega de Pas, el
17 de marzo de 1689, y a San Pedro del Romeral tres días
más tarde debido a una inoportuna nevada, mientras que
San Roque fue nombrada de momento feligresía. El juez enviado
por el Rey quería conceder el villazgo también a
esta última localidad, pero la nieve y el recrudecimiento
de la oposición carredana hacen que el Carlos II mande
a un Oidor de la Real Chancillería de Valladolid para que
se imponga al desorden y consiga el 21 de Mayo de 1689 dar a San
Roque jurisdicción propia y villazgo. En el Archivo de
Vega de Pas, custodiado en el Museo de las Villas Pasiegas, se
haya fechado en Madrid a 20 de Octubre de 1689, el Real Privilegio
original de Carlos II (Leg. 1, Nº 1), “Eximiendo y
sacando” del Valle de Carriedo a las feligresías
de Nuestra Señora de la Vega, San Pedro del Romeral y San
Roque de Riomiera, teniéndolos por villas, con su propia
jurisdicción civil y criminal, pudiendo nombrar alcaldes,
oficiales, escribanos y gobierno.
A lo largo de los siglos XVII y XVIII, y debido al incremento
demográfico atestiguado en los padrones, los pasiegos van
a ir difundiéndose por las cabeceras de los valles vecinos:
Toranzo, Carriedo, Soba, Ruesga y límite sur de Trasmiera
(Liérganes, Alisas, Fuentes las Varas…). La mayoría
de las veces la ocupación se realizaba por medio de una
presura de carácter ilegal que con el tiempo se iría
regularizando. La expansión parece deberse a una necesidad
de pastos que induciría a un tipo de explotación
de signo intensivo e individual, reflejado desde finales del siglo
XVI y principios del XVII, en los primeros cierros o cercamientos
en torno a las cabañas, elementos sin duda característicos
del actual paisaje pasiego.
En lo que se refiere al Catastro del Marqués de la Ensenada
(1753), desgraciadamente, del entorno de las actuales tres villas
pasiegas, San Pedro del Romeral, San Roque de Riomiera y Vega
de Pas, únicamente se pueden consultar las Respuestas Generales
al Interrogatorio de la Villa de San Roque de Rumiera, de la Jurisdicción
de los Montes de Pas, Partido de Castilla la Vieja en Laredo,
como se denomina en los libros del Catastro que se conserva en
el Archivo de la Diputación Provincial de Cantabria. Con
el incendio del Archivo de la Delegación de Hacienda de
Santander, desaparecieron los libros que contenían las
respuestas dadas por los peritos a las entidades locales de San
Pedro del Romeral y de la Vega de Pas, aunque nos consta que existen
copias en el Archivo Histórico General de Simancas.
A partir del siglo XVI se produce en tierras pasiegas la expansión
del cultivo del maíz, una práctica precoz respecto
a otras zonas. En el Privilegio de Villazgo se hace mención
a molinos de pan y maizales. Según datos del Catastro del
Marqués de la Ensenada, parece ser que a mediados del siglo
XVIII, aproximadamente el 10% del terreno pasiego era cultivado,
y que gran parte de él lo estarían por esta gramínea,
a juzgar por la gran cantidad de molinos fluviales en esa época,
más de un centenar a lo largo de los ríos pasiegos,
aproximadamente un tercio en territorio de Nuestra Señora
de la Vega. Cabe decir que tal abundancia de molinos también
respondía a que eran de autosuficiencia y no molían
durante todo el año, lo contrario a Espinosa de los Monteros,
cuyo territorio tan sólo contaba con nueve molinos, todos
monopolizados por familias acaudaladas. Las zonas cultivadas irán
descendiendo conforme se van pagando las deudas creadas por los
numerosos pleitos multiplicados desde la concesión del
Villazgo en 1689. Al quedarse aislados tuvieron que hacer un esfuerzo
de producción, todo se iría solventando a finales
del siglo XIX, con la introducción de la vaca holandesa,
de mayor producción lechera, que hizo fortalecerse una
economía decididamente orientada hacia la ganadería.
La necesidad de más pastos para las nuevas razas bovinas
y la apertura de mejores vías de comunicación, harán
que se acelere el retroceso de las plantaciones de maíz
y que se olviden las épocas de estrecheces.
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